Los creyentes estamos aquí para llevar a otros al Señor que adoramos.

Mateo 5.14-16

Los hijos de Dios están expuestos al mundo como una ciudad sobre un monte (Mt 5.14). La luz de una gran metrópolis puede verse desde varias millas de distancia. Asimismo, los creyentes debemos “brillar” de tal manera que los demás vean nuestras buenas obras y glorifiquen a Dios.

La “luz de la fe” del cristiano es evidente por medio de sus obras. Tenemos la necesidad de que nuestros compañeros de trabajo, amigos y otros de nuestra esfera de influencia adviertan nuestra manera de vivir. ¿Por qué razón? Porque una vez que vean que no estamos buscando a toda costa ser los primeros, querrán saber por qué. Y será allí cuando comiencen a sacar conclusiones, con pensamientos como: Esta persona ayuda a los demás aun cuando sea difícil hacerlo … dice que hace esto porque es cristiano … su Dios debe ser bueno. Cuantas más personas nos vean hacer buenas obras, más gloria recibirá el Señor, el autor de nuestro servicio.

Sin embargo, el Señor dio una advertencia en Mateo 6.1: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos”. Es decir, hay que tener cuidado con la motivación. Si hacemos las cosas para recibir elogios o la atención de los demás, perderemos nuestra recompensa celestial. Ese reconocimiento fugaz del mundo es todo lo que recibiremos por nuestros esfuerzos.

Los creyentes estamos aquí para llevar a otros al Señor que adoramos. Somos un reflejo de su luz y de su gloria. Él no solo nos da la oportunidad de brillar, sino también las fuerzas y los dones para trabajar en favor del reino. Por más brillantes que podamos ser, nada somos separados del Señor.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Una ciudad sobre un monte

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