Dios se involucró en toda nuestra agonía, y probó la última gota en nuestra copa de sufrimiento.

Isaías 63.9

En los exámenes médicos periódicos, los niños necesitan vacunas cada cierto tiempo. Ellos no pueden entender que las vacunas los protegen; desde su punto de vista, solo sienten dolor, ¡mientras que alguien que los ama lo permite! Tal experiencia ofrece una pequeña comprensión de la manera como Dios actúa con sus hijos. Responde a una de las preguntas que a menudo nos hacemos cuando nos suceden cosas dolorosas: ¿Dónde está Dios?

La Biblia nos dice que “en toda angustia de ellos él fue afligido” (Is 63.9). Quizás recuerde cuando su padre terrenal lo sujetaba para que el médico pudiera administrarle la inyección. Quizás recuerde haberle escuchado decir que la experiencia le dolió más a él que a usted. Eso es, ni más ni menos, lo que nuestro Padre celestial describe en este pasaje de la Biblia. Para una mente infantil es un concepto incomprensible, pero cuando tenemos nuestros propios hijos lo entendemos con claridad. Entonces comenzamos a comprender qué clase de Dios tenemos.

Él se involucró en toda nuestra agonía, y probó la última gota en nuestra copa de sufrimiento. ¿Dónde está Dios? Él está donde está el dolor. El libro de Isaías dice: “Él fue molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él” (Is 53.5 LBLA). Cuando usted enfrente tiempos difíciles, mire el rostro manchado de lágrimas del Salvador; no verá más que amor. Si queremos seguir a Cristo, debemos acompañarlo en su sufrimiento. Debemos ir donde Él está, y la cruz es uno de los lugares más hermosos para encontrarlo.

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