Aquí puedes descargar las algunas de las promesas de sanidad que podemos encontrar en la palabra de Dios.

Declaraciones de sanidad


 
Porque escucho Su voz y hago lo que Él considera justo, y cumplo Sus leyes y mandamientos, no traerá sobre mí ninguna de las enfermedades que trajo sobre los egipcios. Él es el Señor, que me devuelve la salud (Éxodo 15:26)

Adoro al Señor mi Dios, y Él bendecirá mi pan y mi agua. Él apartará de mí toda enfermedad. (Éxodo 23:24)

¡Bendito sea el SEÑOR, que conforme a sus promesas ha dado descanso a su pueblo Israel! No ha dejado de cumplir ni una sola de las gratas promesas que hizo por medio de su siervo Moisés. (1 de Reyes 8:56)

Señor mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste. (Salmo 30:2)

Me colmará con muchos años de vida y me hará gozar de mi salvación. (Salmo 91:16)

Él perdona todos mis pecados y sana todas mis dolencias. (Salmo 103:3)

Envió Su palabra para sanarme, y así me rescató del sepulcro. (Salmo 107:20)

No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor. (Salmo 118:17)

Me restaura cuando estoy abatido y cubre con vendas mis heridas. (Salmo 147:3)

Atiendo a Sus consejos; escucho atentamente lo que dice. No pierdo de vista Sus palabras; las guardo muy dentro de mi corazón. Ellas me dan vida porque las he hallado; son la salud de mi cuerpo. Por sobre todas las cosas cuido mi corazón, porque de él mana la vida. (Proverbios 4:20-22)

Ciertamente Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre Él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. (Isaías 53: 4-5)

«Has visto bien- dijo el SEÑOR-, porque yo estoy alerta para que se cumpla mi palabra.» (Jeremías 1:12)

Sáname, Señor, y seré sanado; sálvame y seré salvado, porque Tú eres mi alabanza. (Jeremías 17:14)

Me dará salud y me curará; me sanará y hará que disfrute de abundante paz y seguridad. (Jeremías 33:6)

Que diga el cobarde: «¡Soy un valiente!» (Joel 3:10)

¡La calamidad no se repetirá! (Nahum 1:9)

Traigo íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en Su casa. Lo pruebo en esto- como dice el SEÑOR Todopoderoso-, y veo que Dios abre las compuertas del cielo y derrama sobre mí bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:10)

Tengan fe en Dios- respondió Jesús-. Les aseguro que si alguno le dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. (Marco 11:22-23)
Estas señales me acompañarán porque creo: en Su nombre expulsaré demonios; hablaré en nuevas lenguas; tomaré en mis manos serpientes; y cuando beba algo venenoso, no me hará daño alguno; pondré las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud. (Marco 16:17-18)

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; pero Él ha venido para que yo tenga vida, y la tenga en abundancia. (Juan 10:10)

Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en mí, Él mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida mi cuerpo mortal por medio de Su Espíritu, que vive en mí. (Romanos 8:11)
Todas las promesas que ha hecho Dios son «sí» en Cristo. Así que por medio de Cristo respondemos «amén» para la gloria de Dios. (2 de Corintios 1:12)

Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo. (2 de Corintios 10:4-5)

Cristo nos rescató de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado de un madero.» Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa. (Gálatas 3:13-14)

Me pongo toda la armadura de Dios para que pueda hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, me pongo toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo pueda resistir hasta el fin con firmeza. Me mantengo firme, ceñido con el cinturón de la verdad, protegido por la coraza de justicia, y calzado con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomo el escudo de la fe, con el cual puedo apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomo el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. (Efesios 6:10-17)

Estoy convencido de esto :el que comenzó tan buena obra en mí la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. (Filipenses 1:6)

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. (2 de Timoteo 1:7)

Mantengo firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa. (Hebreos 10:23)

Así que no pierdo la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. (Hebreos 10:35)

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. (Hebreos 13:8)

Cuando esté enfermo, haré llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por mí y me unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe me sanará y el Señor me levantará. Y si he pecado, mi pecado se me perdonará. (Santiago 5:14-15)

Él mismo, en Su cuerpo, llevó al madero mis pecados, para que yo muera al pecado y viva para la justicia. Por Sus heridas he sido sanado. (1 de Pedro 2:24)

Si el corazón no me condena, tengo confianza delante de Dios, y recibo todo lo que le pido porque obedezco sus mandamientos y hago lo que le agrada. (1 de Juan 3:21-22)

Ésta es la confianza que tengo al acercarme a Dios: que si pido conforme a Su voluntad, Él me oye. (1 de Juan 5:14)

Oro para que me vaya bien en todos mis asuntos y goce de buena salud, así como prospero espiritualmente. (3 Juan 1:2)

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