Ayunar nos hace más capaces de fijar nuestros ojos en Cristo y escucharlo con claridad.

Mateo 6.16-18

La Palabra de Dios contiene mandatos sobre muchos asuntos, desde la duración de la adoración y de cómo relacionarse con otras personas, hasta la frecuencia de la oración (Dt 6.5; Jn 13.34; 1 Ts 5.17). Sin embargo, no hay ningún lugar en la Biblia donde se diga de modo específico que el creyente deba ayunar. Pero las palabras “cuando ayunéis” (Mt 6.16, énfasis añadido) muestran la expectativa del Señor Jesús de que los cristianos practiquemos esta disciplina. Y hay ejemplos en la Biblia de personas que se abstuvieron de ciertas actividades para acercarse a Dios.

Antes de seguir adelante, es importante aclarar un malentendido común. El ayuno no sirve para modificar la decisión de Dios, acelerar su respuesta o manipular su voluntad. Por el contrario, el ayuno nos ayuda a centrar nuestra atención solo en Dios, para que podamos escuchar y adorar de todo corazón. Ayunar nos hace más capaces de fijar nuestros ojos en Cristo y escucharlo con claridad. Su Espíritu a menudo comienza por traer a la mente el pecado que necesita ser confesado. Al hacerlo, santifica nuestros pensamientos y usa este tiempo precioso para incrementar nuestro deseo de Dios, mostrarnos su voluntad y concedernos entendimiento y paz. En esencia, el ayuno nos une a Él de una manera que sería imposible cultivar en nuestro ajetreado mundo. ¿Quiere ver a Dios moverse de maneras asombrosas en su vida? Al eliminar cualquier distracción, puede fijar la atención solo en el Creador y clamar según sean cada una de sus necesidades. A medida que conozca mejor a su Padre celestial y a usted mismo, se acercará más a Él.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El ayuno bíblico

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