Todos tenemos ambiciones y deseos. Y aunque eso no tiene nada de malo, debemos analizar nuestras prioridades.

Salmo 119.1-8

Todos tenemos ambiciones y deseos. Y aunque eso no tiene nada de malo, debemos analizar nuestras prioridades preguntándonos: ¿En qué invierto mi tiempo y energía? ¿Qué o quién ocupa mis pensamientos? Por muy importantes que sean nuestras actividades, responsabilidades y relaciones terrenales, no pueden compararse con el valor de una vida dedicada a buscar al Señor. En primer lugar, piense en lo que significa buscar algo con afán. La palabra connota un fuerte deseo y una búsqueda enérgica para lograrlo. Supongamos que usted descubrió una veta de oro muy productiva en su propiedad. No saldría a dar un paso, y a mirarla de vez en cuando. No. Conseguiría el equipo adecuado, y con ahínco quitaría las rocas y recogería el metal precioso. De la misma manera, buscar al Señor no es un encuentro rápido u ocasional, sino un esfuerzo sincero para conocerle con mayor intimidad y seguirle más de cerca.

Quienes buscan sin reservas este tipo de comunión con Dios, están decididos a pasar tiempo con Él y a abandonar cualquier cosa que pueda obstaculizar el crecimiento en su relación con el Señor. Los seguidores comprometidos de Dios reclaman con audacia sus promesas y confían en que Él cumplirá su palabra. Sus experiencias con el Señor les brindan una satisfacción asombrosa y, sin embargo, les causan más hambre de Él. La vida cristiana está destinada a ser una búsqueda de Dios. Pasar por la puerta de la salvación y quedarse inmóvil, sin acercarse nunca más a Él, es desaprovechar los tesoros que están disponibles en Cristo. Quienes le buscan descubren pronto que conocerle es la mayor recompensa de todas.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El valor de buscar al Señor

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