Al considerar nuestras pruebas desde la perspectiva de Dios, podremos regocijarnos por lo que Él esté haciendo.

Santiago 1.2, 3

Son muchas las virtudes que los cristianos aspiran tener. ¿Quién no quiere ser conocido como amoroso, compasivo o amable? Sin embargo, no creo que muchos anhelen el soportar las pruebas con perseverancia. Esta palabra evoca imágenes de dificultad, porque perseverancia es, por lo general, la manera que tenemos de enfrentar lo que nos desagrada, como la crítica, el conflicto, el dolor o la enfermedad. Si pudiéramos ir por la vida sin tener que experimentar dificultades, viviríamos siempre alegres.

Pero Santiago dice que debemos tener por sumo gozo cuando nos hallemos en diversas pruebas. No dice que debamos estar contentos por el sufrimiento que enfrentemos; sino que debemos regocijarnos por lo que el Señor hace en nuestra vida mediante las dificultades. Todas esas circunstancias que tememos son los medios que Dios usa para ayudarnos a madurar en la fe. Piense en un atleta que se entrena para un maratón. Tiene que salir a correr día tras día en todo tipo de clima, seguir un estricto plan de entrenamiento, y experimentar agotamiento físico y mental. Si no hubiera nada más sino eso, sería un esfuerzo sin recompensa, pero lo hace por la meta puesta delante de él.

Cuando nuestra meta es crecer en Cristo y convertirnos en lo que Él quiere que seamos, nos encontraremos dispuestos a soportar las aflicciones, porque el resultado valdrá la pena. Podemos estar seguros de que cada situación que el Señor permite en nuestra vida tiene el propósito de crear algo de lo que carecemos espiritualmente. Saber eso nos permite someternos a lo que Él decida. Y al considerar nuestras pruebas desde la perspectiva de Dios, podremos regocijarnos por lo que Él esté haciendo.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El valor de la perseverancia

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