Nuestra verdadera identidad está definida, no por nuestras acciones pasadas, sino por Cristo.

Efesios 1.3-8

Cuando escucho decir a un creyente: “No soy más que un pecador”, me dan ganas de decirle: “Eso es lo usted era antes”. Muchas personas se aferran a una visión de sí mismas como una versión remendada y ligeramente mejorada de su antigua identidad. Pero la Biblia refuta esa opinión: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
(2 Co 5.17). En realidad, según la Biblia, somos muy diferentes una vez que estamos completos en Cristo.

La pregunta es si la persona confiará en lo que siente, o si creerá lo que Dios dice de ella. Su Palabra nos llama santos (Ro 1.7), discípulos (Jn 13.34, 35) y coherederos con Cristo (Ro 8.17). Si su opinión es que usted “no es más que un pecador”, entonces no puede experimentar plenamente ni disfrutar de su identidad en Cristo.

Creer lo que Dios dice acerca de nuestra nueva identidad es una opción. El enemigo conspira para convencer a los creyentes de que la Palabra de Dios no se aplica a ellos. Sabe que las personas cautivas de la pobreza espiritual se alejan de las oportunidades de compartir el evangelio y servir en el reino de Dios. Es mucho más fácil llevar a la bancarrota espiritual a alguien que piensa que “no es más que un pecador”, que derrotar a un discípulo que sabe que Dios es su Padre que le ama.

Nuestra verdadera identidad está definida, no por nuestras acciones pasadas, sino por Cristo, quien nos compró con su sangre y nos ha dado una relación con Dios Padre. Tenemos todos los motivos para mantener nuestra cabeza en alto, estar firmes y proclamar el evangelio con valentía.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Nuestra verdadera identidad

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