Pero todos estos tesoros de la Palabra de Dios podrían quedar fuera de nuestro alcance si nunca le pedimos al Maestro que nos guíe.

1 Corintios 2.9-16

Muchas personas —incluidos los cristianos— no leen la Biblia, y una razón es que no la entienden. Podríamos esperar que este sea el caso de alguien que no conoce a Cristo, pero ¿por qué muchos de los hijos de Dios no comprenden la verdad de las Sagradas Escrituras? Tal vez sea porque no le han pedido ayuda a su divino Maestro. Una de las responsabilidades principales del Espíritu Santo es capacitar a los creyentes para que entiendan todo lo relacionado con Dios. Cuando observamos a otros hermanos cristianos que saben más que nosotros, es fácil pensar: Nunca seré capaz de alcanzar ese nivel. El problema, sin embargo, no es cuánto conocimiento tenemos ahora mismo, sino si estamos creciendo en nuestro entendimiento. El Espíritu Santo nos enseñará lo que necesitamos saber, no lo que otros saben. Debido a que Él quiere que lleguemos a ser como Cristo, nos dará la verdad y la sabiduría para entender cómo aplicarla a nuestra vida.

El propósito del Espíritu Santo no es llenar nuestra mente de información, sino llevarnos a un nivel más profundo en nuestra relación con el Padre celestial. Él quiere que entendamos la verdad, para que podamos conocer el amor del Señor. La profundidad del amor de Cristo nos motiva a conocerlo mejor, pasar tiempo en su presencia y leer su Palabra. Pero todos estos tesoros de la Palabra de Dios podrían quedar fuera de nuestro alcance si nunca le pedimos al Maestro que nos guíe. Cada vez que usted lea la Biblia, pídale al Señor entendimiento y sabiduría. Una relación personal y genuina con Cristo aguarda a quien escucha al Espíritu Santo y le permite que le revele los pensamientos de Dios.

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