Dios nos pide ser amables y hospitalarios.

3 Juan 1.1-8

Después de leer el pasaje de hoy, ¿puede nombrar al hombre a quien Juan dirigió esta carta? Sería conveniente que tengamos en cuenta a Gayo, porque Juan lo describe como un anciano amado que andaba en la verdad, que actuaba fielmente en lo que hacía, y que amaba a los desconocidos que visitaban la iglesia.

Aunque esta carta fue escrita a Gayo alrededor del 90 d. C., la primera mención de él en la Biblia aparece más de 30 años antes, durante el tercer viaje misionero de Pablo. Era originario de Derbe, en Asia Menor, una ciudad que Pablo visitó en sus dos primeros viajes. Al parecer, Gayo dejó su hogar para acompañar al apóstol en su último viaje; durante ese tiempo fue arrestado por la predicación de Pablo (Hch 19.28-32). También formó parte de un grupo de hombres que viajó con Pablo por Macedonia (Hch 20.4).

Puesto que Gayo era un nombre común, algunos estudiosos se preguntan si la Biblia se refiere a distintos hombres con ese nombre. Pero, de cualquier manera, su hospitalidad, su amor y su fiel servicio a la iglesia son dignos de mención. En Corinto, Gayo sirvió como anfitrión de Pablo, pero también de toda la iglesia (Ro 16.23). Y seguía practicando la hospitalidad y sirviendo como anciano cuando Juan le escribió varias décadas más tarde.

La hospitalidad no es exclusiva de aquellos que les resulta fácil. Romanos 12.9-21 contiene una larga lista de instrucciones que se aplican a todos los creyentes; y entre ellos hay admoniciones de ayudar en las necesidades de los santos y de practicar la hospitalidad (Ro 12.13). Gayo es un ejemplo maravilloso para nosotros, porque estuvo dispuesto a aceptar incomodidades abriendo su hogar, tanto a creyentes conocidos como a desconocidos.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Un modelo de hospitalidad

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