La salvación no es solo para disfrutarla; también es un regalo que debemos compartir.

Hechos 1.6-8

Uno de los mayores problemas de la Iglesia en la actualidad es que muchos cristianos no se consideran servidores del Señor. La voluntad de Dios no es que solo acudamos a la iglesia a escuchar predicaciones. Quiere que salgamos a ser testigos de Cristo dondequiera que estemos o adonde nos envíe. Los roles y los métodos mediante los cuales realicemos esta tarea serán diferentes, pero cada creyente tiene un papel vital que cumplir (1 Co 12.4-20). Puede que usted sienta que sus esfuerzos tienen poco impacto, pero el Señor puede hacer maravillas por medio de un servidor dispuesto. Nadie tiene una vida tan caótica que no pueda ser utilizado por Dios; Él se especializa en tomar a personas deshechas y restaurarlas. Nadie llega a una edad en la que deja de ser útil, por eso podemos tener la seguridad de que, mientras vivamos, el Padre celestial tendrá algo para nosotros.

La cuestión no es si somos o no adecuados para dar testimonio de Él, sino si tenemos un corazón dispuesto. El Señor ha prometido el poder del Espíritu Santo para llevar a cabo sus propósitos por medio de nuestra vida, pero si no utilizamos su poder divino, desperdiciaremos las oportunidades de ser de bendición. Las responsabilidades terrenales saben cómo robarnos la atención y limitar nuestra obediencia al Señor. Pero nada en la vida es más importante que hacer la voluntad del Padre celestial. ¿Los deberes de este mundo le han apartado de su responsabilidad de hablar a otros del Salvador? La salvación no es solo para disfrutarla; también es un regalo que debemos compartir. Usted no necesita tener un título de teología. Solo diga lo que Cristo ha hecho por usted, y el Espíritu Santo hará el resto.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Dejados como testigos

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