¿Se le ha vuelto la vida tan agitada que no puede escuchar la voz de Dios?

Efesios 4.1

Hace algunos años, Dios permitió que por un tiempo tuviera dolencias físicas que me impidieron hacer otra cosa que estar en cama. Al principio me sentí frustrado, pero luego me di cuenta de la voluntad de Dios. Mi vida se había vuelto demasiado ocupada, y no escuchaba lo que el Señor me decía. Sin duda, logró llamar mi atención ¡al poner a descansar mi cuerpo físico! Después de guiarnos a la salvación, Dios todavía tiene trabajo por hacer en nuestra vida. Si prestamos atención, podremos escuchar a nuestro Padre dirigiéndonos de tres maneras:

Primero, el Señor nos llama a la santificación. Esto significa ser apartados por Él y para Él. Por medio de su Espíritu, Él nos recuerda siempre que usemos su poder y sus recursos para obedecerlo y para vivir en rectitud.

Segundo, nos llama al servicio. Dios ha planeado buenas obras para que las realicemos (Ef 2.10), y nos da capacidades, tiempo y recursos con ese propósito.

Tercero, nos llama a dar cuentas. Romanos 14.12 enseña que un día todos rendiremos cuentas de cómo utilizamos los recursos que Dios nos dio para glorificarlo. Dicho informe se basará en dos factores: la verdad que conocimos y las oportunidades que tuvimos. Por eso, debemos asegurarnos de escuchar cada día lo que el Padre nos recuerda en cuanto a utilizar lo que tenemos para su gloria.

¿Se le ha vuelto la vida tan agitada que no puede escuchar la voz de Dios? Desarrolle su capacidad de escucharlo al pasar más tiempo en la Palabra y al esperar respuestas mientras ora. Y, también, enseñe a sus hijos a prestar atención para que puedan escuchar a Dios. ¡Qué pena sería que tuvieran que hacerle frente a la vida sin dirección de lo alto!

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El llamado al creyente

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