Nuestra principal responsabilidad es vivir alabando a nuestro Padre celestial.

Salmo 34.1-3

Como seres humanos, tendemos a ser egocéntricos. Por ejemplo, buscar el propósito de Dios para nuestra vida es algo bueno. Pero al llevar a cabo su plan, con facilidad podemos preocuparnos más por lo bien que nos haga sentir, en vez de en la gloria que traiga al Señor. Esto se aplica a casi todo lo que hacemos, incluyendo la alabanza. La adoración al Señor debe ser solo para Él, no para nosotros. En realidad, el pueblo de Dios está hecho para la alabanza. El apóstol Pedro lo dice así: “Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P 2.9 NVI). Nuestra principal responsabilidad es vivir alabando a nuestro Padre celestial. El salmo de hoy nos da algunas pautas a seguir.

Cuándo. En todo momento, ya sea en situaciones buenas o malas, nuestro corazón y nuestros labios deben estar llenos de alabanzas a Dios (Salmo 34.1). La adoración no es solo para los domingos.

Cómo. El propósito de la adoración es engrandecer y exaltar al Señor (Salmo 34.2, 3). A medida que nos enfocamos en sus excelencias, Él crece en nuestro corazón, mente y espíritu.

Dónde. Aunque la alabanza debe ser una práctica continua, el salmista también proclama: “exaltemos a una su nombre” (Salmo 34.3). La alabanza se magnifica cuando nuestras voces se mezclan en la exaltación de nuestro Señor.

¿Es la alabanza parte de su vida? Cuando le damos al Señor un lugar más grande en nuestros pensamientos y en nuestro corazón, Él es magnificado, y la alabanza se convierte en su acción sincera y natural.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Hechos para la alabanza

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