La vida de Cristo fue ejemplo de humildad.

1 Pedro 5.5-7

La vida de Jesús fue ejemplo de humildad. Mientras estuvo en la Tierra, no hizo valer sus derechos, sino que se revistió de humanidad, y escogió vivir en completa obediencia como siervo de su Padre (Fil 2.5-7). Dejó de lado su gloria y autoridad legítimas, y se humilló hasta el punto de morir en una cruz. El ejemplo de nuestro Salvador fue y es contracultural. Este mundo no valora la humildad; por el contrario, nuestra cultura aplaude los grandes logros, la belleza exterior, las posiciones elevadas y las destrezas excepcionales.

Pero Cristo llama a sus discípulos a negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirle (Lc 9.23). ¿Qué camino escogeremos? Pedro presenta con claridad en el pasaje de hoy las opciones que tenemos. Si elegimos el camino de Dios, el de la humildad, tenemos la promesa de que recibiremos bendiciones espirituales. Pero si repudiamos su camino, el Señor nos rechazará, porque, en esencia, estamos actuando contra Él con nuestra arrogante autosuficiencia.

No obstante, si nos humillamos sometiéndonos a su autoridad, y le obedecemos, Él se convierte en nuestra fuente de confianza y fortaleza. Aunque nuestra sociedad valora mucho la gratificación instantánea y el reconocimiento por los logros, Dios nos honra de acuerdo con sus caminos y su tiempo perfecto. Nos asegura que, si elegimos la mansedumbre —es decir, vivir sujetos a Cristo como el Dueño de nuestra vida— Él nos recompensará, tanto aquí en la Tierra como en la vida venidera (Mt 5.5).

La decisión es suya: ¿se humillará y vivirá para la gloria de Dios, en vez de vivir para la suya?

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La promesa por la humildad

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