En general, a la gente le gusta sentirse segura, pero la realidad de nuestro mundo es que hay mucha inseguridad.

Hebreos 12.25-29

En general, a la gente le gusta sentirse segura, pero la realidad de nuestro mundo es que hay mucha inseguridad. Por ejemplo, la economía, la salud, e incluso la capacidad de un país para sobrevivir, no están garantizadas. Cuando nuestros cimientos son sacudidos, nos sentimos abrumados. A veces, Satanás nos aflige, con el permiso de Dios, por supuesto. En otras ocasiones, las circunstancias difíciles son provocadas por la mano del Señor. Sin importar el origen de la dificultad, tenemos la promesa en Romanos 8.28 de que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Y en cualquier caso, el propósito de Dios sigue siendo glorificarse en nuestro mundo y en nuestra vida.

Hay diferentes razones por las que el Señor permite los problemas, pero por ahora, concentrémonos en una de ellas, Dios no consentirá nada que permita al hombre sentirse autosuficiente. Por lo tanto, Dios puede permitir, por amor, ciertos problemas para que nos demos cuenta de nuestra necesidad de Él. Piense en las pruebas que los israelitas enfrentaban cada vez que se apartaban del Señor para adorar a otros dioses. En muchos sentidos, nosotros hacemos hoy lo mismo. A menudo glorificamos “dioses” como el dinero y la posición social. Pero Aquel que nos creó no lo tolerará. Por nuestro orgullo, tendemos a pensar que somos capaces de manejarnos sin Dios. Pero, por amor, Él puede inquietar nuestra vida para revelarnos nuestra dependencia de Él. Si usted basa su seguridad en algo que no sea Jesucristo —incluso algo tan inocente como la comodidad— la fuente de su seguridad terminará convirtiéndose en arena que se desvanecerá.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Lo que no puede ser alterado

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