Fijar metas nos ayuda a determinar dónde enfocar nuestras energías para que podamos cumplir la obra que Dios tiene para nosotros.

Filipenses 3.7-16

La Palabra nos alienta una y otra vez a confiar en Dios para nuestras necesidades. Pero ¿cómo encaja la dependencia del Señor con la fijación de metas para nuestra vida? Algunos cristianos interpretan que estas advertencias bíblicas significan que no debemos hacer planes en absoluto. Sin embargo, esta perspectiva convierte la confianza en apatía, en vez de reconocerla como una disciplina importante. Fijar metas nos ayuda a determinar dónde enfocar nuestras energías para que podamos cumplir la obra que Dios tiene para nosotros (Ef 2.10). Cuando el evangelista y pastor Jonathan Edwards tenía 19 años, hizo 70 resoluciones, que guiaron su vida, y tuvo un ministerio muy productivo.

El apóstol Pablo también se fijó ciertas metas: “Conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos” (Fil 3.10). Al final de su vida, pudo decir: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti 4.7). ¿No le gustaría poder decir eso en su lecho de muerte? Son tantas las cosas del mundo que nos distraen. Somos buenos para establecer metas profesionales, comerciales, financieras o personales, e incluso podemos dar seguimiento fiel a una lista de tareas pendientes, todas las cuales son cosas buenas. Sin embargo, debemos tener cuidado de no dejar que nuestros intereses terrenales nos impidan fijarnos metas espirituales. Hacer planes es un paso esencial para lograr algo que valga la pena. Entonces, propongámonos identificar lo que anhelamos para nuestra vida espiritual, y fijémonos objetivos para avanzar en esa dirección. Estos objetivos son diferentes a todos los demás, porque tienen valor tanto temporal como eterno.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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¿Por qué debemos fijarnos metas?

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