Sin la resurrección, la Pascua sería una gran mentira, nuestra fe no tendría valor, y la muerte del Señor no habría logrado nada.

por Charles F. Stanley

1 Corintios 15.13-23

¿Qué significa la resurrección de Cristo para usted? ¿Es simplemente un hecho del pasado con poca relevancia para el 2016?

Muchas personas ven el Domingo de Resurrección como una ocasión para vestir ropa elegante e ir a la iglesia. Es más que celebrar la tumba vacía, y después seguir viviendo como si nada hubiera pasado.

Ya que no vimos personalmente al Cristo resucitado después de su sepultura, imaginarse lo que fue aquella primera mañana de Pascua es difícil. Además, la familiaridad con la historia hace que sea fácil pasar por alto la maravillosa magnitud de lo que sucedió. Entonces corremos el riesgo de no dar importancia a la resurrección, y no darnos cuenta del impacto que sigue teniendo hoy.

En 1 Corintios 15.13-17, el apóstol Pablo nos da una idea de la importancia de la resurrección de Cristo, al referirse a lo que habría sucedido si no hubiera resucitado. Nuestra celebración de la Pascua sería una gran mentira, y nuestra fe no tendría valor. Lo peor de todo sería que todavía llevaríamos la culpa por cada pecado que hemos cometido —sin ninguna esperanza de perdón, salvación o vida eterna en el cielo. Si Jesús no hubiera resucitado, su muerte no habría logrado nada.

Es por eso que la Pascua es una razón maravillosa para celebrar. Jesús murió en nuestro lugar para pagar una deuda demasiado costosa que no podíamos pagar. Su resurrección demuestra que el Padre celestial quedó satisfecho con su sacrificio (Ro 3.25), y lo consideró suficiente para el perdón de todos nuestros pecados (1 Co 15.20-23). Y gracias a la victoria de Cristo sobre la muerte, seremos resucitados y recibiremos una herencia imperecedera reservada en el cielo. Esta esperanza nos permite regocijarnos cada día, incluso en medio de pruebas y sufrimientos (1 P 1.3-9).

Por tanto, si asistimos al servicio del Domingo de Resurrección, pero seguimos sin experimentar ningún cambio el resto del año, dejamos de ver el propósito de la resurrección. Cada día es una oportunidad para dejar que Cristo impacte nuestra manera de ser, ya que nos hemos “despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando cada día hasta el conocimiento pleno” (Col 3.10). En esencia, estamos mostrando la naturaleza de Dios con un corazón compasivo, bondadoso, humilde, manso, paciente, perdonador y amoroso (vv. 12-14).

La resurrección de Jesús debe también dirigir y motivarnos. Cristo dijo a sus discípulos: “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Jn 20.21). Después de haber visto al Señor resucitado y ser llenos de su Espíritu, aquellos primeros cristianos difundieron el mensaje de salvación por todo el mundo romano. El impacto de su testimonio fue tan grande que fueron descritos como “estos que trastornan el mundo entero” (Hch 17.6).

Hoy nos toca compartir el mismo mensaje, que ofrece perdón de pecados y vida eterna a todos los que creen. Ninguna otra religión tiene un líder que haya vencido la muerte.

Este mes usted celebrará la Pascua reunido con otros creyentes, cantando alegremente de la resurrección de Cristo, y escuchando una vez más la historia de la tumba vacía. Pero no permita que la familiaridad y las costumbres del día festivo le roben la maravilla y el agradecimiento por lo sucedido. En tanto que sigue regocijándose por la victoria de Jesús sobre la muerte, aguarde con confianza el día en que el Señor regresará y resucitará a todos los que hayan puesto su confianza en Él como su Salvador. Y siga creciendo en la vida nueva que Él le ha dado por el poder de su resurrección.

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Por qué la resurrección sigue siendo importante

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