Dios es el dueño de la tierra y su plenitud, incluyendo la plata y el oro. Saber ser mayordomos de estas riquezas es lo que alejará nuestros corazones de la codicia y la maldición que puede acarrearnos ser dominados por ellas.
Dios es el dueño de la tierra y su plenitud, incluyendo la plata y el oro. Saber ser mayordomos de estas riquezas es lo que alejará nuestros corazones de la codicia y la maldición que puede acarrearnos ser dominados por ellas.