¡Qué Dios tan misericordioso tenemos, que quiere que estemos con Él para siempre para poder seguir derramando su bondad sobre nosotros!

Efesios 2.1-10

Ya sea que nos demos cuenta o no, nuestros pensamientos se centran en lo que queremos, pero ¿ha considerado usted alguna vez lo que Dios desea? ¿Por qué nos creó y cuál es su voluntad para nosotros? La respuesta se encuentra en 2 Pedro 3.9: “El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. ¿Por qué?

Porque nos ama (Ef 2.4). Su amor no se basa en ninguno de nuestros méritos sino en su naturaleza. Como dice 1 Juan 4.16: “Dios es amor”, y sus atributos nunca cambian.

Por su gracia (Ef 2.5). No podemos hacer nada para ganar la salvación, porque esta se obtiene solo a través de la gracia de Dios. Y a lo largo de nuestro tiempo en este mundo y en la eternidad, las vidas de los hijos de Dios deben mostrar evidencia de su gracia (Ef 2.7).

Para su gloria (Ef 1.5, 6). La gloria de Dios se demuestra al salvar a los pecadores y convertirlos en santos. Entonces, al vivir en obediencia ante Él, otros verán nuestras buenas obras y glorificarán al Dios que nos transformó.

A veces somos miopes, y pensamos que somos el centro de la salvación, pero en realidad se trata de nuestro asombroso Dios, que envió a su Hijo para salvarnos del pecado, la muerte y el castigo eterno. Cristo murió y sufrió el castigo que merecíamos, y nos ofrece el perdón y la reconciliación con el Padre celestial. Lo único que tenemos que hacer es creer y recibir el pago de Cristo por nuestros pecados. ¡Qué Dios tan misericordioso tenemos, que quiere que estemos con Él para siempre para poder seguir derramando su bondad sobre nosotros!

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El amoroso deseo de Dios

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