Cada uno de nosotros ha sido creado y habilitado por Dios para cumplir con el ministerio particular que Él ha elegido específicamente para nosotros.

Colosenses 4.7-18

El último capítulo de Colosenses contiene una larga lista de personas que sirvieron junto a Pablo. Lo que no se señala en estos versículos son el talento, las destrezas, las habilidades, la riqueza o la posición de estas personas en la sociedad. En vez de eso, Pablo se enfoca en el carácter, el servicio para Cristo, y en su amor y aprecio por cada una de esas personas.

Cada uno de nosotros ha sido llamado a ministrar de una forma u otra. Aunque tendemos a pensar en el ministerio como algo que se hace dentro de la iglesia, en realidad abarca cada cosa que hagamos, sin importar dónde estemos.

Por ejemplo, aunque Lucas era médico de profesión, también era evangelista, misionero y escritor divinamente inspirado de la Biblia. Su profesión no era su fuente primaria de realización personal; más bien, era un medio mediante el cual servía a Cristo para servir a otros. Como amigo fiel y compañero de viaje a Pablo, Lucas dio aliento y reconfortó al apóstol hasta el día de su ejecución (2 Ti 4.11). Tenía una mente analítica y minuciosa que lo convirtió en un médico experto. También le sirvió para investigar y escribir un relato preciso de la vida de Jesús (el evangelio de Lucas) y los acontecimientos de la iglesia primitiva (el libro de Hechos).

Cada uno de nosotros ha sido creado y habilitado por Dios para cumplir con el ministerio particular que Él ha elegido específicamente para nosotros. No hemos sido puestos en esta tierra, para nuestro placer personal, acumular riquezas y ser importantes, sino para servir al Señor. Nuestra responsabilidad es responder con obediencia a su llamado.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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El llamamiento al ministerio

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