Cristo dependía por completo de su Padre cada día para obtener dirección, poder y provisión, y con obediencia cumplía todas sus instrucciones.

Juan 5.19, 20

A Dios se le llama por diferentes nombres en la Biblia, y cada uno arroja luz sobre un aspecto de su naturaleza. El título que el Señor prefería era Padre. Aunque parezca extraño, este nombre para Dios es usado rara vez en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento lo es con frecuencia, tanto por Jesucristo como por los primeros cristianos. Muchos de los nombres de Dios hablan de sus majestuosos y sublimes atributos que lo distinguen de la humanidad, pero Padre transmite intimidad. Cristo usó este nombre no solo porque era el Hijo de Dios, sino también para ayudar a las personas a entender que Jehová no es una deidad inaccesible que las mira desde lejos. Por el contrario, es el Padre celestial amoroso, que se preocupa por ellas y quiere involucrarse en sus vidas.

Durante su tiempo en la Tierra, Cristo demostró con su ejemplo cómo es esta clase de relación amorosa. Él dependía por completo de su Padre cada día para obtener dirección, poder y provisión, y con obediencia cumplía todas sus instrucciones. Con frecuencia, tomaba un descanso de las exigencias del ministerio para encontrar un lugar apartado y estar a solas con Jehová. Sabemos que el Señor transmitió con éxito a sus discípulos las riquezas de esta relación, porque Felipe dijo: “Señor, muéstranos al Padre” (Jn 14.8) —quería conocerlo de la manera que Cristo lo conocía. ¿Anhela usted tener esa clase de relación con Dios? Él quiere relacionarse con usted como lo hace un padre con su hijo, y le ha dado el privilegio de conocerlo. En realidad, le escogió a usted antes de la fundación del mundo, y le espera con los brazos abiertos para que reciba su amoroso abrazo.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La relación perfecta entre el Padre y el Hijo

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