No merecíamos este acto de amor; el Padre celestial lo hizo por su cuenta, motivado por su gracia inagotable.

Romanos 5.6-10

Muchas personas piensan que deben esperar hasta haber mejorado de alguna manera, para aceptar el ofrecimiento de salvación de Cristo. Pero eso es en realidad lo opuesto al mensaje del evangelio.

Todos somos indignos de la salvación. No hay nada que podamos hacer para merecer el perdón y la aceptación de Dios, y aun así Él salvó la brecha del pecado que nos separaba de Él. No merecíamos este acto de amor; el Padre celestial lo hizo por su cuenta, motivado por su gracia inagotable.

Sería un trágico error pensar que teníamos que hacernos más presentables sin depender primero de Cristo para que Él entrara en nuestra vida. El Señor Jesús no dijo: “Vayan a limpiarse, descansen un poco y luego vengan a mí”, ¿verdad? Más bien, abrió sus brazos y dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28).

El Señor no esperó hasta que mereciéramos ser dignos de Él; el Salvador sabía que nunca podríamos lograrlo. Por el contrario, se entregó por toda la humanidad y extendió una invitación a cada pecador, tal como está, a venir a Él para encontrar descanso.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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La respuesta de Dios al problema del pecado

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