No pienses que diezmando y ofrendando manipulas a Dios, que le controlas; quizás impresionas a los hombres, pero no a Dios. No puedes dejar de hacer una por la otra; primero es tu amor por la casa de Dios.
No pienses que diezmando y ofrendando manipulas a Dios, que le controlas; quizás impresionas a los hombres, pero no a Dios. No puedes dejar de hacer una por la otra; primero es tu amor por la casa de Dios.