Si su vida espiritual se ha vuelto demasiado mecánica, es hora de que enfoque su tiempo con Dios de una manera diferente.

Isaías 6

Cada domingo, un sinfín de personas se congregan en iglesias para adorar a Dios. Pero para muchos de ellos, ir a la iglesia es solo un punto más en su lista de pendientes, una actividad que cumple con su “deber espiritual”. Aunque pueden sentirse conmovidos por la música y el sermón, pronto regresan a una vida en la que Dios parece distante, y los placeres del mundo comienzan a verse más atractivos. La época de Isaías al parecer no era tan diferente de la nuestra. Escuchemos el juicio de Dios: “Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” (Is 29.13 NVI).

¿Cuál es la solución cuando el pueblo de Dios no le da la debida importancia? El encuentro de Isaías con el Señor en la lectura de hoy es un buen ejemplo. Cuando vio la santidad de Dios, Isaías se llenó de espanto y de una profunda conciencia de su propio pecado. En medio de la angustia, gritó: “¡Ay de mí, que soy muerto!” (Is 6.5). Después de ser limpiado de su pecado, su único deseo era servir al Señor como su profeta, y dijo: “¡Heme aquí, envíame a mí!” (Is 8).

Aunque es poco probable que experimentemos una visión como esta, cada vez que abrimos la Palabra de Dios tenemos la oportunidad de ver “al Rey, el Señor de los ejércitos” (Is 5) como lo hizo Isaías. Lo que es aun más sorprendente es que este Dios santo y majestuoso nos invita a relacionarnos con Él por medio de su Hijo Jesucristo. Si su vida espiritual se ha vuelto demasiado mecánica, es hora de que enfoque su tiempo con Dios de una manera diferente. Pídale que le dé un corazón que esté abierto a un verdadero encuentro con Él, y espere con paciencia su ayuda.

Devocional original de Ministerios En Contacto

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Un encuentro con Dios

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