El campo de batalla del enemigo es nuestra mente. Si él logra tomar control de nuestra mente va a poder controlar todo nuestro ser. Esto es algo que muchos cristianos ignoran y sin darse cuenta permiten que el enemigo ponga pensamientos en su mente.
El campo de batalla del enemigo es nuestra mente. Si él logra tomar control de nuestra mente va a poder controlar todo nuestro ser. Esto es algo que muchos cristianos ignoran y sin darse cuenta permiten que el enemigo ponga pensamientos en su mente.